En el nuevo escenario geopolítico mundial, los países ya no compiten únicamente por petróleo o gas, sino por fuentes sostenibles capaces de alimentar la revolución tecnológica que impulsa al mundo. América Latina emergió como una región estratégica por su potencial energético, su estabilidad relativa y su abundancia de agua, litio y biodiversidad.
Estados Unidos, publica La República, consciente de la creciente competencia con China por el control de estos recursos, puso su atención en dos países latinoamericanos. Ambos comparten una de las obras de ingeniería más grandes del mundo, una fuente de energía hidroeléctrica que provee electricidad limpia, independencia energética y oportunidades de inversión que podrían redefinir la relación del continente con las potencias globales. Los países que captaron el interés estratégico de Estados Unidos son Paraguay y Brasil, socios en la gigantesca represa de Itaipú, una de las centrales hidroeléctricas más poderosas del mundo. La nación paraguaya, en particular, llamó la atención de Washington por su excedente de energía limpia y su estabilidad política, en contraste con otros países de la región.
La ciudad de Ciudad del Este, en la Triple Frontera con Brasil y Argentina, es vista como un punto clave para desarrollar infraestructura tecnológica, como centros de datos y proyectos de inteligencia artificial alimentados con energía renovable.
Por su parte, Brasil representa la otra cara de esta alianza energética. Como potencia regional con enorme capacidad industrial, su cooperación con Estados Unidos en torno a Itaipú podría fortalecer el acceso norteamericano a energía verde y a un corredor logístico en el corazón de Sudamérica.
¿Cuál es la represa más grande del mundo?
La represa de las Tres Gargantas, ubicada en el río Yangtsé (China), es la central hidroeléctrica más grande del mundo. Con una capacidad instalada de aproximadamente 22.500 megavatios (MW), supera en tamaño y producción a todas las demás represas del mundo. Inaugurada en 2012, su construcción implicó enormes desafíos de ingeniería y ambientales, pero consolidó al país chino como líder mundial en energía hidroeléctrica.
En segundo lugar, se encuentra la represa de Itaipú, compartida por Paraguay y Brasil, con una capacidad instalada de 14.000 MW. Considerada una de las «Siete Maravillas del Mundo Moderno» por la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles, Itaipú es un hito técnico y diplomático: su construcción permitió resolver disputas fronterizas y evitó un conflicto armado entre ambos países.
La energía de Itaipú es vital porque representa una de las mayores fuentes estables y limpias del mundo, lo que la convierte en un activo estratégico frente a la transición energética global.
Centroamérica
Centroamérica se encuentra en una etapa crucial para definir su futuro energético. Con una dependencia histórica de los combustibles fósiles importados, la región ha comenzado a acelerar la transición hacia fuentes renovables como la hidroeléctrica, la solar, la eólica y la geotérmica.
Países como Costa Rica lideran el camino con una matriz casi completamente limpia, mientras que otros, como Guatemala, Honduras y El Salvador, avanzan en la diversificación de su oferta energética mediante inversiones en infraestructura y marcos regulatorios que atraen capital extranjero. La integración del Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC) ha sido un factor decisivo para garantizar un suministro más estable y competitivo.
No obstante, la región enfrenta desafíos estructurales significativos. La vulnerabilidad climática, la falta de inversión en redes inteligentes y la dependencia de subsidios para mantener precios accesibles limitan el ritmo de adopción de nuevas tecnologías. Además, la creciente demanda energética impulsada por la urbanización y el desarrollo industrial presiona a los gobiernos a equilibrar sostenibilidad con seguridad de suministro.
En ese contexto, los recursos energéticos clave —geotermia en Nicaragua y El Salvador, hidroenergía en Guatemala y Costa Rica, y solar en el Corredor Seco— se proyectan como pilares estratégicos para lograr la independencia energética y avanzar hacia una economía más resiliente y sostenible.





