La infraestructura vial es uno de los pilares de cualquier sistema logístico, especialmente en América Latina, donde el transporte por carretera concentra una parte importante del movimiento de mercancías. Cuando las rutas presentan deficiencias de pavimentación, falta de capacidad, baja conectividad o problemas de mantenimiento, el impacto no se limita a la movilidad: aumenta directamente el costo de trasladar productos desde los centros de producción hacia los mercados, puertos y fronteras. Un estudio del BID advierte que la inversión en infraestructura vial no ha acompañado el crecimiento del transporte de carga, generando mayores tiempos de viaje y costos de operación.
Uno de los primeros efectos de una carretera en mal estado es el incremento de los tiempos de tránsito. Baches, caminos sin pavimentar, restricciones de peso, puentes deficientes, congestión y rutas con poca capacidad obligan a los camiones a circular más lentamente o buscar desvíos. Esto eleva el consumo de combustible, aumenta las horas de trabajo de los conductores y acelera el desgaste de neumáticos, frenos y otros componentes.
Según publica el BID, las redes viales latinoamericanas presentan problemas de cobertura, calidad, capacidad y conectividad, mientras que solo una parte limitada de las carreteras de la región se encuentra pavimentada.
A estos costos directos se suman los derivados de la imprevisibilidad logística. Una carretera deteriorada hace más difícil garantizar horarios de entrega, cumplir ventanas de recepción en centros de distribución o coordinar eficientemente la llegada de cargas a terminales portuarios. Para compensar esa incertidumbre, las empresas necesitan incorporar mayores márgenes de seguridad, inventarios adicionales y recursos para enfrentar eventuales retrasos.
El BID destaca que los altos costos del transporte interno constituyen una barrera para las exportaciones latinoamericanas y que la modernización de las carreteras puede contribuir a reducir esas restricciones.
El problema adquiere una dimensión mayor cuando se analiza la conectividad entre zonas productivas y corredores internacionales. En numerosos territorios rurales y alejados de los grandes centros urbanos, una carretera deficiente puede encarecer considerablemente el traslado de materias primas hacia plantas industriales, centros logísticos, puertos y pasos fronterizos. Esto afecta especialmente a pequeños productores y regiones periféricas, que terminan enfrentando una desventaja competitiva frente a empresas ubicadas cerca de las principales rutas. Según el BID, una reducción de apenas 1% en los costos de transporte podría generar aumentos significativos de las exportaciones en países como México y Colombia.
La infraestructura vial también genera costos ocultos para toda la cadena de suministro. El deterioro de las rutas incrementa los gastos de mantenimiento de los vehículos, eleva el riesgo de accidentes y puede provocar daños en las mercancías. Además, la congestión y los desvíos aumentan las emisiones y reducen la productividad de las flotas.
El BID advierte que el deterioro progresivo de las redes viales puede traducirse en mayores costos de mantenimiento, congestión, costos logísticos, impactos sobre el comercio y menor productividad. CEPAL, por su parte, ha señalado que la insuficiencia y baja calidad de la infraestructura constituye una de las principales brechas que limitan la competitividad y el desarrollo sostenible de América Latina.
Por ello, mejorar las carreteras no debe entenderse únicamente como una política de transporte, sino como una estrategia de competitividad y comercio exterior. La región necesita avanzar simultáneamente en nuevas rutas, conservación de las existentes, corredores logísticos multimodales, conexiones con puertos y pasos fronterizos, además de sistemas digitales que permitan gestionar mejor el tráfico y el mantenimiento.
CEPAL plantea que una infraestructura logística y de transporte más eficiente resulta fundamental para fortalecer la integración económica regional, mientras el BID recomienda combinar la modernización vial con inversiones en ferrocarriles y vías fluviales para reducir los costos internos. En definitiva, cada kilómetro de carretera que funciona deficientemente termina convirtiéndose en un costo adicional para el transporte, las empresas y, finalmente, para la competitividad de toda América Latina.





