La capacidad naviera de América Latina está adquiriendo un papel cada vez más relevante en el comercio internacional durante 2026, impulsada por la reconfiguración de las cadenas de suministro, el crecimiento de los intercambios con Asia y la necesidad de diversificar las rutas marítimas globales.
En este escenario, los puertos de la región buscan fortalecer su infraestructura, aumentar la eficiencia de sus operaciones y mejorar su conexión con los principales mercados internacionales. La ubicación estratégica de América Latina, junto con su potencial exportador en minería, productos agrícolas, energía y manufacturas, refuerza su posición como plataforma logística para el transporte de mercancías.
Uno de los factores que está modificando el panorama regional es el desarrollo de nuevas infraestructuras portuarias y la ampliación de terminales existentes. El puerto de Chancay, en Perú, representa uno de los proyectos más relevantes por su orientación hacia el comercio transpacífico y su potencial para reducir tiempos de tránsito entre Sudamérica y Asia.
A ello se suman iniciativas de expansión en puertos de Chile, Brasil, Colombia y México, que buscan responder a la demanda de servicios de mayor capacidad y mejorar la conectividad con las redes navieras internacionales. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), a través de sus informes sobre transporte marítimo y desarrollo portuario, ha destacado la importancia de la infraestructura, la conectividad y la eficiencia logística para fortalecer la inserción comercial de la región.
Las cifras disponibles reflejan avances concretos en la actividad portuaria. Según el Perfil Marítimo y Logístico de la CEPAL, el movimiento de contenedores de Panamá alcanzó 9,56 millones de TEU en 2024, un aumento del 15% respecto del año anterior. Colombia registró un crecimiento del 15,6%, mientras que Perú avanzó un 11,4% y Chile un 11,9%.
México también destacó con un alza del 11,8%, hasta superar los 9,25 millones de TEU. Estos resultados muestran el dinamismo de distintos mercados portuarios y su capacidad para atraer flujos comerciales, aunque el desempeño varía entre países y terminales.
Sin embargo, el fortalecimiento de la capacidad marítima regional no depende únicamente de contar con puertos más grandes o modernos. La disponibilidad de servicios regulares, la frecuencia de recaladas, la conectividad con rutas internacionales, la capacidad de transbordo y la integración con el transporte terrestre son factores determinantes para competir por las cargas.
En su Informe portuario 2024-2025, publicado en abril de 2026, la CEPAL identifica la fiabilidad de los servicios, los costos de los fletes y la transformación digital como elementos centrales para mejorar la competitividad portuaria latinoamericana. A su vez, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en su Review of Maritime Transport 2025, advierte que los cambios en las rutas y las tensiones geopolíticas pueden elevar los costos, alterar los itinerarios y reducir la capacidad efectiva del transporte marítimo.
De cara al cierre de 2026, el desafío para América Latina será convertir sus inversiones portuarias y su creciente actividad comercial en una ventaja competitiva sostenible. Esto exige modernizar las flotas, digitalizar los procesos logísticos, mejorar la coordinación entre puertos y operadores navieros y avanzar hacia operaciones con menores emisiones. También será fundamental fortalecer la resiliencia frente a fenómenos climáticos y disrupciones internacionales.
Si estos avances se acompañan de políticas de integración y financiamiento de infraestructura, la región podrá consolidar su posición en las cadenas globales de suministro y aprovechar las oportunidades que ofrece la reorganización del comercio mundial. Como plantea la UNCTAD, la modernización de las flotas, la digitalización y la adaptación a los riesgos globales son prioridades para construir un transporte marítimo más resiliente y eficiente.




