Chile ha dejado de ser un actor observador para convertirse en uno de los líderes climáticos más activos de América Latina. En descarbonización, financiamiento verde y en el diseño de mercados de carbono con integridad ambiental, el país avanza con una hoja de ruta que se distingue en la región.
Así lo evidenció la segunda edición del Chile Carbon Forum que, según publica La Tercera, más allá del evento en sí, funcionó como termómetro de ese posicionamiento: la política climática chilena está madurando, y con ella crecen las oportunidades para atraer inversión, generar empleos verdes y liderar el camino hacia una economía baja en carbono, a decir de los expertos. “Chile hoy conecta desarrolladores, estándares, financistas y reguladores en torno a una visión de país”, afirma Cristián Mosella, director ejecutivo de Energylab y director de Carbono Chile AG. “Pero aún falta institucionalizar este diálogo público-privado de manera permanente, con reglas claras y agilidad para captar inversiones”, advierte.
Uno de los hitos que ha puesto a Chile a la vanguardia es la firma del primer acuerdo bilateral de la región bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París, en su punto 6.2. que regula los intercambios internacionales de créditos de carbono. El proyecto piloto -el recambio de una caldera a carbón por una a biomasa en la región de Nuble- se selló en 2023 con Suiza y contempla inversiones por hasta USS 100 millones, con beneficios compartidos: por un lado, Chile avanza en su NDC (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional) y Suiza contabiliza los créditos ITMO (Resultados de Mitigación Transferidos Internacionalmente) hacia su meta climática.
Agustina Cundari, asesora internacional de la International Emissions Trading Association (IETA), aplaudió el liderazgo chileno y puso énfasis en la colaboración internacional y los acuerdos bilaterales, durante el Chile Carbon Forum. Para ella, la clave es empezar a romper la visión del sur global como proveedor, y el norte global como comprador. “Ya lo estamos empezando a notar en los nuevos marcos firma dos en el Acuerdo 6.2: ya no se habla de países, sino de acuerdo de cooperación, de asistencia y de intercambio, que es la esencia del Artículo 6″, explicó.
Para Juan Pedro Searle, jefe de la Unidad de Desarrollo de Mercados de Carbono del Ministerio de Energía, también presente en el evento, es crucial centrar el enfoque en mirar hacia la región y buscar experiencias replicables de quienes lideran ciertas herramientas: “Los países tienen que avanzar en instrumentos domésticos para el precio del carbono, pero también tienen que mirar qué está pasando en los países vecinos, porque igual hay una posibilidad de conectar de alguna forma estos mercados”, plantea.
En ese sentido, a juicio de Searle, la cooperación técnica que se puede armar con otros países que tienen experiencia es clave: “Podemos sacar ejemplos muy concretos, y en particular con Reino Unido, que tenemos un acuerdo de cooperación en energía y cambio climático. Su experiencia es fundamental. Ellos han sido pioneros en instrumentos de precios, antes que la Unión Europea, y ahora tienen un instrumento que opera en todo el país y que tiene aristas que son muy interesantes para nosotros de evaluar”, indica.
Foco en financiamiento
La otra gran arista del liderazgo chileno está en el vínculo entre descarbonización y financiamiento climático. De acuerdo a Irina Reyes, gerenta de Transforma Cambio Climático de Corfo, el mercado ya no ve el financiamiento verde como un ideal teórico: “Hoy es una agenda de acción. Las instituciones están comenzando a alinear gestión financiera con riesgo climático. Ese paso es decisivo para canalizar capital a proyectos de alto impacto”. dice.
Un cambio relevante se da también en la valoración de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SDN), como la restauración de ecosistemas o la gestión de cuencas. Pasamos de verlas como un gasto ambiental a reconocerlas como inversión estratégica. Ese giro cultural es fundamental” agrega Reyes.
De compromisos a proyectos
Pese a los avances, los desafíos no son menores. Para que Chile mantenga su posición de liderazgo, se indica, necesita acelerar la implementación de proyectos concretos. “El día a día de las empresas suele postergar la urgencia climática”, señala Mosella. “El llamado es a actuar ahora, porque quienes entren temprano al mercado del carbono ganarán en competitividad. Los que esperen, verán cómo la ventana de oportunidad se cierra”, añade.
En la misma línea, María Teresa Ruiz-Tagle, directora de CLG-Chile y académica de la FEN de la U. de Chile, sostiene que la acción climática debe dejar de verse como un costo. “Es una oportunidad de crecimiento, inversión verde y empleo de calidad. Si Chile no la aprovecha, lo harán otros países de la región” manifiesta.
Se estima que el modelo chileno de descarbonización y desarrollo de mercados de carbono puede convertirse en un referente regional. El trabajo colaborativo entre el Estado, las empresas, la academia, según los estándares internacionales, está creando las condiciones para una economía baja en carbono con alto valor agregado.
Pero el tiempo es ahora, repiten los expertos. Como dijo Ruiz-Tagle al cierre del foro: “Tenemos una hoja de ruta clara, pero la urgencia está en ejecutar. La acción climática no puede seguir siendo una promesa”.
Centroamérica
Centroamérica comienza a perfilar su propio mapa de descarbonización, con Costa Rica y Panamá a la cabeza de los esfuerzos por consolidar mercados de carbono más transparentes y eficientes. Ambos países han impulsado políticas que incentivan la compensación de emisiones y el desarrollo de proyectos verdes en sectores clave como energía, transporte y agricultura sostenible.
Costa Rica, pionera en neutralidad de carbono, avanza con un sistema nacional de certificación de reducciones verificadas de emisiones, mientras Panamá fortalece su rol como hub regional para transacciones de bonos de carbono con estándares internacionales.
El resto de la región observa con atención. Honduras y Guatemala dan pasos iniciales hacia la creación de marcos regulatorios que integren la medición y verificación de emisiones, buscando atraer inversión extranjera y financiamiento climático. Sin embargo, la falta de infraestructura técnica y la limitada capacidad institucional siguen siendo los mayores desafíos para escalar estos mercados.
En conjunto, el impulso centroamericano hacia la descarbonización refleja no sólo una respuesta ambiental, sino una oportunidad económica emergente en el comercio de carbono global.





