Tendencias en transporte por carretera para el resto del 2024

Tras un 2023 en el que el sector ha vivido asistido por las bonificaciones desplegadas para compensar la evolución del precio de los combustibles, el transporte de mercancías aborda un segundo semestre de 2024 en el que se mezclan retos de largo recorrido con otras tendencias más de fondo que, poco a poco, están transformando el panorama del sector.

En términos generales, el panorama económico dibuja unos meses de cierta debilidad de la demanda, aunque en un contexto más favorable del que se dejaba entrever hace unos meses, cuando se pensaba abiertamente en la llegada inminente e irremediable de una recesión. Según Transport Intelligence , el mercado europeo de transporte de mercancías por carretera terminó 2023 con un perímetro de 448.658 millones de euros, lo que implica un descenso de un 0,4% con respecto a 2022.

La debilidad de la demanda, la dureza de las condiciones financieras y el descenso en los ingresos de las empresas por sus servicios son los factores que han marcado la evolución del mercado europeo de transporte de mercancías por carretera el pasado 2023.

De cara al futuro se estima un crecimiento del transporte de mercancías en Europa de un 1,7% en los próximos cinco años, con lo que este mercado alcanzaría en 2027 un perímetro de 490.853 millones de euros.

Tendencias globales 

Escasez de personal

Parece claro que uno de los principales retos del transporte en particular, y de todas las economías occidentales en general, seguirá siendo la escasez de personal y, de manera concreta, de conductores profesionales.

En 2023, ha descendido el paro en este colectivo y, a la vez, también se han registrado menos contratos, con unas empresas que miran muy mucho la inversión, tanto en equipos, como en personal.

De cara a los próximos meses, y dadas las dificultades endémicas del transporte de mercancías por carretera para atraer a jóvenes y mujeres, los esfuerzos podrían centrarse en incorporar conductores extranjeros, bien mediante contrataciones en origen, bien mediante programas de formación para inmigrantes irregulares.

Consolidación empresarial

La atomización empresarial es uno de los rasgos que caracteriza el mercado del transporte de mercancías por carretera, pese a que en los últimos años se ha venido produciendo un aumento perceptible en el número de vehículos por empresa.

El incremento de los costes empresariales, la digitalización y la competencia exterior, fundamentalmente de los países del este de Europa, seguirán impulsando nuevos movimientos de concentración, como los que se han venido registrando en las primeras semanas del ejercicio.

De igual manera, también es posible que un mercado más duro y con menos ayudas económicas de paso a una ola de posibles desapariciones de aquellas empresas que más han ido sufriendo desde el inicio de la pandemia y que han vivido los últimos años asistidas por los programas de ayudas desplegadas para impulsar la recuperación del tejido productivo tras la pandemia y la invasión rusa de Ucrania.

Digitalización

La digitalización es un proceso imparable. Los tropiezos en la implantación del tacógrafo inteligente de segunda generación no impedirán que los requisitos digitales de las empresas sigan aumentando.

La actividad de transporte está cada vez más incardinada en la cadena de suministro y existe una tendencia clara de operadores logísticos y de cargadores por contar con una visibilidad plena de la actividad de transporte.

Además, los propios transportistas son cada vez más conscientes de la importancia que tiene el dato para sus clientes e impulsan el uso de las nuevas tecnologías para tener información clara y precisa.

Las cada vez más exigentes condiciones en este ámbito que se estilan en los tenders y subastas también impulsan a unas empresas que son cada vez más conscientes de que sus camiones tienen que estar rodando la mayor parte de su vida útil, sin perder tiempo en paralizaciones o en áreas de carga y descarga.

Sostenibilidad

Se percibe últimamente una visión más pragmática en relación con la sostenibilidad. Parece como si los responsables políticos hubieran tomado conciencia de las importantes dificultades que tienen algunos sectores de actividad, como el transporte, para hacer la transición energética.

De igual manera, también existen condicionantes exógenos al propio sector que dificultan este profundo cambio, como son el despliegue de infraestructuras de recarga o la falta de una oferta realmente adaptada a las necesidades concretas del sector.

Otro de los aspectos en que se manifiesta la sostenibilidad es la introducción constante de nuevas tasas asociadas a las emisiones contaminantes de los vehículos industriales, que implican un nuevo coste para las empresas de transporte en un escenario en que tienen muy difícil repercutir estos incrementos a los precios que cobran a sus consumidores finales.

Además, también en este capítulo puede mencionarse a los cambios normativos en la regulación de pesos y dimensiones de los vehículos industriales. A nivel europeo, las elecciones al Parlamento han paralizado los cambios en la Directiva, mientras que en España, la norma espera a ver qué decisión toma el nuevo equipo del ministro Puente.

Gestionar el descontento

Como consecuencia de la espiral inflacionista se viene detectando un descontento generalizado que se detecta especialmente en aquellos segmentos de actividad más castigados por los sucesos de los últimos años y que peor imagen social tienen.

Este es el caso, por ejemplo, del sector primario, pero también del transporte, que soporta una gran presión asociada a los costes. Además, al mismo tiempo, la debilidad de la demanda podría provocar que aumente la capacidad disponible, impidiendo que los precios crezcan.

De hecho uno de los últimos informes de la Iru, en colaboración con Transport Inteillgence y Upply, apunta que para los próximos meses se prevé que la debilidad de la demanda y de pedidos industriales haga que las tarifas sigan descendiendo, especialmente en el segmento spot, mientras que, al mismo tiempo, los costes empresariales se mantengan altos, pese a la contención de la inflación, especialmente por la progresiva introducción de peajes asociados a las emisiones contaminantes que están realizando cada vez países europeos.

En definitiva, el transporte se enfrenta a un 2024 complejo, con un panorama económico algo más despejado que hace unos meses, pero no exento de riesgos y de tensiones, con retos pendientes.

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