En enero de este año, el tránsito de buques por el Canal de Panamá alcanzó un crecimiento interanual de 3,8% con 1.049, según el último reporte de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). El promedio diario de tránsitos subió a 33.84 buques, superando los 32.6 del año anterior.
Tal como publica La República, un dato clave fue la saturación de los buques de gran calado: los Neopanamax representaron casi 30% del tráfico total, utilizando 173 cupos de reserva (una demanda que superó 100% de la disponibilidad programada). Además, el mes destacó por el tránsito inaugural del “Disney Adventure”, el crucero de mayor capacidad en la historia de la vía con 208,000 toneladas, considerado el buque de pasajeros con mayor capacidad que cruza la vía, con aproximadamente 6.700 pasajeros y 208.000 toneladas de registro bruto. Este segmento proyecta más de 40 tránsitos Neopanamax durante el año fiscal 2026.
La ruta estratégica que compite directamente con el Canal de Panamá
La extensa región de América Latina siempre ha estado atravesada por rutas. Desde los caminos indígenas hasta las líneas ferroviarias del siglo XX, el territorio fue pensado como puente, como paso, como promesa.
Hoy, en un mundo donde las cadenas de suministro se reconfiguran y las tensiones entre potencias empujan a buscar alternativas logísticas, América Latina vuelve a ocupar un lugar estratégico. Ya no solo como proveedor de materias primas, sino como espacio clave para conectar océanos, mercados y regiones enteras con rutas claves. En ese mapa en movimiento, México aparece con una apuesta concreta y ambiciosa, se trata del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.
Es un proyecto de infraestructura multimodal impulsado por el Estado mexicano para conectar el océano Pacífico con el Golfo de México a través del punto más angosto del país. A diferencia del Canal de Panamá, esta ruta, no es una vía marítima, sino un “canal seco”, donde el traslado de mercancías se realiza por tierra.
Este corredor de América Latina une el puerto de Salina Cruz, en Oaxaca, con el puerto de Coatzacoalcos, en Veracruz, mediante una red integrada de ferrocarriles, carreteras, puertos modernizados y plataformas logísticas. El eje central es la rehabilitación del histórico Ferrocarril del Istmo, ahora adaptado para el transporte de contenedores y carga pesada en tiempos competitivos.





