En 1960, los mapas económicos de América Latina mostraban una distribución muy distinta a la que vemos hoy. Países que entonces lideraban el Producto Interno Bruto (PIB) regional han cedido terreno, mientras otros han escalado posiciones en el ranking.
Tal como publica Portafolio Colombia, en más de seis décadas, las cifras permiten trazar un retrato de cómo la región ha cambiado su balanza de poder económico. Desde la segunda mitad del siglo XX, las economías de América Latina han experimentado varios altibajos. Entre los fenómenos económicos de los que se tienen registro se incluyen la estanflación, el aumento de la deuda, una inflación elevada, la adopción de modelos de industrialización y ajustes estructurales en sus políticas.
Durante este periodo, el país que encabezaba la lista como la economía más fuerte de la región era Argentina. La nación registraba para la época un PIB cercano a los 22 millones de dólares y su liderazgo se vio impulsado en gran parte por su riqueza agropecuaria, su inserción en el mercado global como proveedor de materias primas, la llegada de inmigrantes europeos y la sustitución de importaciones.
El siguiente en ese listado era Brasil, con un Producto Interno Bruto que se aproximaba a los 16 millones de dólares. Desde mediados del siglo XX, el país apostó a una política de industrialización por sustitución de importaciones, similar a la de Argentina, pero con mayor escala. Esto incluyó sectores como automotriz, siderurgia, petroquímica y aviación.
El podio lo cerraba México, con un PIB de 13 millones de dólares. Su vecindad con la mayor economía del mundo le permitió integrarse tempranamente en las cadenas de producción de Norteamérica. El comercio, la inversión extranjera directa y, más adelante, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hicieron que el país se consolidara como un socio estratégico con EE. UU.
El ‘top’ 5 lo cerraban Venezuela y Chile, cada uno con un PIB cercano a los 8 millones de dólares y los 4,1 millones de dólares, respectivamente. Actualmente, y con los ajustes en la economía, la tabla de posiciones ha cambiado. En ese orden de ideas, las tres primeras posiciones las ocupaban Brasil (2,1 billones de dólares), México (1,6 billones de dólares) y Argentina (683 millones de dólares).
Quizás el cambio más drástico sea el de Venezuela. El país pasó de ser la cuarta economía más grande de la región a ubicarse en el undécimo puesto, con un PIB cercano a los 108.500 millones de dólares. De acuerdo con la firma Austin Rating, la economía de esta nación se contrajo un 62,5% entre el 2013 y el 2023.
Centroamérica
En las últimas seis décadas y media, Centroamérica ha transitado por un camino económico marcado por profundas transformaciones. Desde los años sesenta, cuando la región dependía fuertemente de las exportaciones agrícolas tradicionales como café, banano y azúcar, los países centroamericanos comenzaron a diversificar sus estructuras productivas.
El proceso de industrialización por sustitución de importaciones dio paso a la creación del Mercado Común Centroamericano (MCCA), que buscó fortalecer el comercio intrarregional y sentó las bases para la integración económica. Sin embargo, conflictos armados, crisis políticas y limitaciones estructurales ralentizaron el ritmo de crecimiento, al mismo tiempo que los países enfrentaban retos de desigualdad y dependencia de mercados externos.
En el presente, 65 años después, la región muestra un panorama mucho más interconectado y globalizado. Centroamérica ha logrado expandir sus sectores de manufactura ligera, servicios y exportaciones no tradicionales, con apuestas en zonas francas y cadenas de valor ligadas a Estados Unidos, Europa y Asia.
La firma de tratados de libre comercio, como el CAFTA-DR, impulsó la apertura comercial y la llegada de inversión extranjera. Al mismo tiempo, fenómenos como la digitalización, la migración laboral y el nearshoring han cambiado la dinámica de los negocios, abriendo oportunidades pero también nuevos desafíos en competitividad, infraestructura y sostenibilidad.
Así, la evolución del comercio en 65 años refleja una transición desde economías primarias hacia modelos más diversificados, aunque todavía marcados por brechas sociales y una alta vulnerabilidad a factores externos.





