En un giro estratégico del comercio global, compañías navieras de Asia y Europa están redirigiendo sus inventarios y ajustando sus rutas marítimas para apuntar a América Latina como nuevo eje de crecimiento. Según un reciente análisis de Americas Market Intelligence, esta tendencia se profundizará en 2026 a medida que los exportadores busquen destinos menos afectados por disputas arancelarias y con mayor oportunidad logística.
Del “China-plus” al “Latino-plus”: una nueva matriz comercial
Ante la incertidumbre que generan los aranceles entre EE.UU. y China, muchas empresas están reorientando sus estrategias hacia mercados latinoamericanos. AMI anticipa un aumento en los volúmenes desde Asia directamente a Brasil, México y la región Andina, con barcos reajustando rotaciones y agregando escalas en puertos latinoamericanos.
Este movimiento responde a dos dinámicas:
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Evitar aranceles: América Latina ofrece una alternativa para productos que podrían enfrentar impuestos mayores al ingresar por EE. UU.
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Descubrir nuevos mercados: los exportadores buscan diversificar destinos ante la saturación o restricciones en rutas tradicionales.
Ajustes operativos en flotas y servicios marítimos
Como resultado, algunas navieras están dialogando nuevas rutas, cancelando escalas hacia EE. UU. y concentrando recursos en servicios Asia → Latinoamérica. Esta reconfiguración plantea mayor presión sobre la infraestructura portuaria y logística terrestre regional, en especial en puertos con espacios limitados o poca profundidad.
Las zonas francas y centros logísticos internos también ganan protagonismo: exportadores están facilitando operaciones “delivered duty paid” (DDP) al posicionar inventario en hubs latinoamericanos. Esta estrategia reduce tiempos e incertidumbres arancelarias.
Retos y requerimientos para puertos latinoamericanos
Este cambio estructural genera varios desafíos:
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Capacidad portuaria y slots limitados: puertos latinoamericanos deben adaptarse para servir buques mayores o mayores volúmenes sin generar cuellos de botella.
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Infraestructura terrestre: puertos sin conectividad ferroviaria robusta o rutas internas eficientes podrían perder competitividad frente a nodos mejor equipados.
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Regulación y cumplimiento: nuevos flujos comerciales demandan modernización aduanera, estándares de sostenibilidad y trazabilidad que ya son exigidos por compradores globales.
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Volatilidad operativa: rutas recién establecidas pueden tener cambios frecuentes, blank sailings o ajustes rápidos según demanda.
Ventajas para quienes lleguen temprano
Para las empresas que anticipen estos cambios, hay oportunidades:
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Negociar tarifas de lanzamiento más agresivas para rutas Asia → Latinoamérica
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Alinear operaciones con puertos receptores que ya estén invirtiendo en expansión y servicios
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Priorizar operadores logísticos con expertise en aduana, zonas francas y servicios de valor agregado
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Aprovechar roles de hubs regionales (como Panamá, Caucedo, Kingston) para distribución intra-LatAm
Para 2026, la ventaja podría estar del lado de quienes diseñen su red con visión estratégica, anticipándose al pulso comercial global.





