Un desafío que persiste: la informalidad laboral pone en jaque el crecimiento regional

La informalidad laboral sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales de América Latina, y se proyecta como una tarea pendiente de cara a 2026. Millones de trabajadores en la región continúan desempeñándose fuera de los marcos legales, sin contratos formales, protección social ni acceso pleno a derechos laborales, lo que limita tanto el desarrollo individual como la capacidad de crecimiento sostenible de las economías.

Pese a los avances registrados en algunos países tras la recuperación pospandemia, los niveles de informalidad se mantienen elevados. Sectores como el comercio minorista, la construcción, la agricultura y los servicios concentran gran parte del empleo informal, especialmente entre jóvenes, mujeres y trabajadores con menor nivel educativo. En Centroamérica, la situación es aún más compleja debido a la alta dependencia del autoempleo y de economías de subsistencia. La informalidad no sólo impacta en la calidad de vida de los trabajadores, sino que también representa un freno para la productividad y la recaudación fiscal. Los Estados enfrentan dificultades para financiar sistemas de seguridad social robustos y políticas públicas efectivas, mientras las empresas formales compiten en desventaja frente a actividades que operan al margen de la regulación.

De cara a 2026, los expertos coinciden en que reducir la informalidad requerirá un enfoque integral. La simplificación de trámites para la formalización, incentivos tributarios para pequeñas y medianas empresas, y marcos regulatorios más flexibles aparecen como herramientas clave para atraer a trabajadores y emprendedores al sector formal sin ahogar la actividad económica.

La digitalización también se perfila como un factor decisivo. Plataformas tecnológicas para el registro laboral, pagos electrónicos y acceso a servicios financieros pueden facilitar la formalización, especialmente en zonas rurales y en segmentos históricamente excluidos. Sin embargo, este proceso debe ir acompañado de políticas de capacitación que permitan a los trabajadores adaptarse a un mercado laboral en transformación.

En este escenario, la informalidad laboral se consolida como uno de los grandes retos pendientes para América Latina y Centroamérica rumbo a 2026. Superarla no será una tarea inmediata, pero avanzar en su reducción es clave para construir economías más inclusivas, resilientes y capaces de enfrentar los desafíos sociales y productivos de la próxima década.

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