Emisiones invisibles: el impacto climático del relevo de marinos

El transporte marítimo es una de las industrias más críticas para el comercio global, trasladando aproximadamente el 90 % de las mercancías mundiales. Sin embargo, también es responsable de una parte significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, estimadas en cerca del 3 % de todas las emisiones globales de CO₂.

Aunque gran parte del foco regulatorio se ha centrado en reducir las emisiones directas de los barcos, actividades auxiliares como el cambio de tripulación generan emisiones indirectas que tradicionalmente han sido omitidas en los inventarios oficiales de carbono. El cambio de tripulación —el proceso por el cual se reemplaza a los marinos que han completado su turno de servicio— implica millones de desplazamientos aéreos y viajes terrestres alrededor del mundo cada año. Estos desplazamientos se clasifican como emisiones de alcance 3.6, es decir, emisiones que no provienen del propio buque pero que son necesarias para su operación continua. Este tipo de emisiones no suele incluirse en los informes estándar de carbono de las navieras, lo que ha llevado a una subestimación de la huella total del sector.

Uno de los motivos por los cuales estas emisiones causadas por cambios de tripulación deben ser tenidas en cuenta es que su magnitud es significativa. Los vuelos intercontinentales, traslados en taxi o transporte terrestre interurbano para llegar a puertos distantes generan cantidades importantes de CO₂ que se suman a la ya considerable huella del transporte marítimo. A medida que las rutas se alargan y las tripulaciones provienen de diversas partes del mundo, el impacto acumulado no es trivial y puede rivalizar con otras fuentes operativas si no se aborda adecuadamente.

Además, las exigencias regulatorias y las expectativas de transparencia están evolucionando rápidamente. Inversionistas, empresas navieras y grandes cargadores ahora esperan que las emisiones indirectas se midan y se gestionen, impulsados por objetivos corporativos de sostenibilidad y demandas de consumidores más conscientes del clima. No contabilizar las emisiones del cambio de tripulación puede resultar en una visión incompleta del desempeño ambiental, afectando la confianza del mercado y la alineación con estándares climáticos globales.

Reguladores ambientales están comenzando a focalizarse más en las emisiones fuera del alcance directo de las operaciones de transporte. Aunque el nuevo marco de fijación de precios del carbono de la Organización Marítima Internacional (IMO) se ha centrado en las emisiones generadas directamente por los buques, existe presión creciente para considerar también las emisiones completas de la cadena de valor, incluidos los viajes de tripulación y otras actividades logísticas. La presión por una contabilidad más amplia de emisiones refleja un reconocimiento de que el transporte marítimo ya no puede ignorar las fuentes indirectas de carbono.

Otro motivo importante es que contabilizar y gestionar las emisiones del cambio de tripulación puede habilitar estrategias de reducción concretas. Esto incluye optimizar los calendarios de reposición de personal para minimizar viajes, promover opciones de transporte más limpias o invertir en tecnologías híbridas que reduzcan la necesidad de desplazamientos tan frecuentes. En un sector donde se proyecta que los costes relacionados con el carbono podrían ascender a decenas de miles de millones de dólares en la próxima década, ignorar cualquier fuente significativa de emisiones sería una omisión estratégica grave.

Fuentes: APAM Perú / ATPI

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