Turismo auténtico: Guatemala apuesta por experiencias que se viven, se sienten y dejan huella

Un viaje puede durar unos días, pero una experiencia puede quedarse para toda la vida. Un sabor que se recuerda, una historia que sorprende, el trabajo de un artesano, una tradición compartida o una conversación con alguien de la comunidad pueden convertirse en aquello que realmente hace inolvidable un destino.

Esa es la oportunidad que Guatemala tiene frente a sí: hacer de su autenticidad una propuesta de valor para el turismo, aprovechando su cultura viva, diversidad natural, gastronomía, tradiciones y, especialmente, las personas que dan identidad a cada territorio. Durante una rueda de prensa de AGEXPORT, representantes del sector y especialistas abordaron el potencial del turismo auténtico para desarrollar experiencias genuinas, responsables y vinculadas con las comunidades, capaces de fortalecer empresas y emprendimientos locales y conectar la oferta guatemalteca con mercados internacionales.

“Buscamos impulsar un turismo que crece sin perder su esencia y convierte aquello que hace única a Guatemala en oportunidades sostenibles para sus empresas, comunidades y destinos”, expresó Aida Fernández, directora de Crecimiento de las Exportaciones de AGEXPORT.

Experiencias de vida que involucren los cinco sentidos

Para Andreas Kuestermann, uno de los grandes valores del turismo está en su capacidad de crear experiencias de vida. No se trata solamente de llevar a una persona de un punto a otro, sino de permitirle conectar verdaderamente con el lugar que visita.

Guatemala tiene la posibilidad de hacerlo a través de los cinco sentidos: probar su gastronomía, escuchar sus historias, descubrir los colores de sus textiles y paisajes, reconocer sus aromas y acercarse a las tradiciones y al trabajo de quienes mantienen viva la identidad de cada comunidad. Pero esa experiencia no debe generar valor únicamente para quien viaja.

La visión también pone a la comunidad en el centro. Detrás de una experiencia turística hay guías, artesanos, productores, emprendedores y familias que poseen conocimientos e historias que no pueden replicarse en ningún otro destino. Integrarlos permite que el turismo se convierta también en una fuente de oportunidades para los territorios.

El propio planteamiento presentado por AGEXPORT identifica la gastronomía, los textiles, el arte, la biodiversidad, las historias locales y las tradiciones vivas como elementos capaces de generar nuevas oportunidades para guías, artesanos, productores y emprendimientos.

Innovar desde la autenticidad

Claire Dallies de Masaya, de la Universidad del Valle de Guatemala, puso sobre la mesa otro elemento fundamental para competir en un turismo que evoluciona constantemente: la innovación basada en la autenticidad. Innovar no necesariamente significa cambiar lo que somos. También significa reconocer aquello que ya tiene valor y encontrar nuevas formas de convertirlo en una experiencia atractiva para el viajero.

Una tradición puede contarse de una manera diferente; un producto local puede formar parte de una experiencia; una historia puede convertirse en el punto de partida de una ruta; y la tecnología puede ayudar a conectar esas propuestas con nuevos viajeros y mercados.

Así, autenticidad e innovación no tienen que caminar en direcciones opuestas. La innovación puede ser precisamente la herramienta que permita proyectar lo auténtico sin quitarle su esencia. Esta visión cobra especial relevancia ante la incorporación de herramientas como la inteligencia artificial en el turismo. El planteamiento presentado por AGEXPORT contempla su utilización para apoyar el diseño, personalización y comercialización de experiencias, pero sin sustituir el componente humano y local.

Lina Martínez Aguilar, investigadora y especialista de la Universidad Autónoma de Zacatecas, México, complementó esta conversación al abordar “La autenticidad como el nuevo lujo del turismo mundial”. En un mercado donde muchos destinos pueden ofrecer infraestructura y servicios similares, lo verdaderamente difícil de replicar es aquello que pertenece a un lugar: su historia, sus tradiciones, sus personas y la posibilidad de vivir una experiencia genuina.

Convertir crecimiento en oportunidades

La apuesta llega en un momento relevante para el sector. Durante 2025, Guatemala recibió 3,361,843 visitantes no residentes, un 11 % más que en 2024, mientras las divisas generadas por turismo internacional alcanzaron US$1,390.2 millones, frente a US$1,208.7 millones del año anterior, según INGUAT.

El reto ahora va más allá de incrementar el número de visitantes: implica conseguir que permanezcan más tiempo, descubran una oferta más diversa y que el valor generado por el turismo alcance a más empresas, emprendimientos, comunidades y territorios.

Para hacerlo, Guatemala tiene una ventaja difícil de imitar. No necesita fabricar autenticidad. Ya la tiene. Está en sus sabores, sus paisajes, sus textiles, su biodiversidad, sus tradiciones y, principalmente, en las personas que mantienen vivas esas historias.

El desafío es transformar esa riqueza en experiencias capaces de hacer que un viajero vea, escuche, pruebe, sienta y recuerde Guatemala, mientras su visita también deja oportunidades en las comunidades que le abrieron las puertas. Porque cuando eso sucede, el turismo deja de ser solamente un viaje: se convierte en una experiencia de vida para quien visita y en una oportunidad de desarrollo para quien recibe.