La modernización del embalaje industrial se ha convertido en un factor estratégico para reducir los daños que pueden sufrir las mercancías durante el transporte marítimo. A diferencia de lo que suele pensarse, el deterioro por humedad no necesariamente se produce por el ingreso directo de agua al contenedor, sino también por fenómenos de condensación asociados a las variaciones de temperatura durante el viaje.
El denominado “container sweat” o “cargo sweat” puede generar gotas de agua sobre las paredes, el techo o las propias mercancías. El Código CTU de la Organización Marítima Internacional (OMI), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE) identifica precisamente la importancia de considerar las condiciones ambientales y las prácticas de embalaje dentro de la cadena logística.
Una de las principales ventajas de modernizar el embalaje consiste en crear una barrera de protección adaptada a las características específicas de cada producto. El uso de materiales con propiedades antihumedad, bolsas o revestimientos de alta barrera, películas técnicas, separadores, pallets adecuados y sistemas de sellado permite limitar el contacto de la mercancía con el vapor de agua.
A esto se pueden sumar desecantes, indicadores de humedad y soluciones de absorción diseñadas para mantener condiciones más estables dentro del embalaje. La clave está en dejar atrás una visión uniforme del embalaje y avanzar hacia soluciones diferenciadas según el tipo de carga, duración del viaje, ruta, clima y sensibilidad del producto.
Otra ventaja importante es que un embalaje mejor diseñado puede disminuir las pérdidas económicas asociadas a productos deteriorados, devoluciones, reclamos, reprocesos y reposición de mercancías. Esto adquiere especial relevancia en cargas sensibles como alimentos secos, productos farmacéuticos, componentes electrónicos, maquinaria, metales, textiles, papel y productos forestales.
La OMI advierte que las deficiencias en las operaciones de embalaje, estiba y sujeción pueden generar incidentes y pérdidas a lo largo de la cadena de transporte. Por ello, la protección contra la humedad debe formar parte de una estrategia integral de preparación de la carga y no ser considerada simplemente como un elemento adicional al momento de cerrar el contenedor.
Sin embargo, la modernización también presenta desafíos. El primero es económico: incorporar materiales de mayor desempeño, sensores, desecantes o sistemas de embalaje especializados puede elevar el costo inicial por unidad. Las empresas deben determinar si ese desembolso se justifica frente al valor de la mercancía y al riesgo de daño. El segundo desafío es técnico, porque no existe una solución universal para todos los productos.
La cantidad de humedad presente en la carga, el contenido de agua de los materiales de embalaje, las diferencias de temperatura y las condiciones exteriores pueden influir en la aparición de condensación. Las recomendaciones internacionales señalan que las variaciones térmicas y las fuentes de humedad dentro de una unidad de transporte son factores relevantes para la formación de condensación.
Otro reto es integrar el embalaje dentro de una cadena logística cada vez más digitalizada. Los sensores de humedad y temperatura pueden aportar información sobre las condiciones a las que estuvo expuesta una carga durante el trayecto, permitiendo detectar desviaciones y generar evidencia para mejorar los procesos. Esta información puede integrarse con sistemas de trazabilidad y gestión logística para identificar rutas, proveedores o etapas donde se concentra el riesgo. El propio CTU Code entrega recomendaciones para quienes participan tanto en el embalaje como en la recepción y apertura de las unidades de transporte, reforzando la idea de que la protección de la mercancía es una responsabilidad que atraviesa toda la cadena.
En definitiva, modernizar el embalaje industrial frente a la humedad no significa simplemente utilizar más plástico, agregar desecantes o reforzar las cajas, sino diseñar una estrategia de protección basada en riesgos. La combinación de materiales de barrera, control de humedad, preparación adecuada de la carga, correcta estiba, monitoreo y capacitación puede reducir significativamente la probabilidad de daños durante el transporte marítimo.
En un comercio internacional donde los trayectos pueden ser extensos y las mercancías enfrentan múltiples cambios ambientales, invertir en embalajes inteligentes y técnicamente adecuados puede transformarse en una herramienta de competitividad, reduciendo pérdidas y fortaleciendo la resiliencia de las cadenas de suministro. El CTU Code de OMI, OIT y UNECE constituye, en este sentido, una referencia internacional para mejorar las prácticas de embalaje y manipulación de las unidades de transporte.





