Cómo una eventual sequía por El Niño puede golpear a la logística latinoamericana

La intensificación del fenómeno de El Niño durante 2026 vuelve a poner bajo presión a las rutas marítimas y fluviales de América Latina, especialmente aquellas que dependen de niveles adecuados de agua para garantizar el tránsito de grandes embarcaciones. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño se está fortaleciendo y que durante agosto-octubre de 2026 aumentará la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal y de cambios importantes en los patrones de precipitaciones, incluyendo un mayor riesgo de sequía en determinadas regiones.

Uno de los efectos más directos de una reducción de los niveles de agua es la necesidad de disminuir el calado máximo autorizado de los buques, es decir, la profundidad que puede alcanzar una embarcación bajo la superficie. Cuando la disponibilidad de agua disminuye, las autoridades deben establecer límites para mantener márgenes de seguridad y evitar que los barcos toquen fondo. Un ejemplo concreto se observa en el Canal de Panamá, donde la Autoridad del Canal anunció que desde el 26 de agosto el calado máximo para los buques Neopanamax será de 48 pies (14,63 metros), mientras que desde el 3 de septiembre bajará a 47,5 pies (14,48 metros).

La principal consecuencia para el comercio exterior es la pérdida de capacidad de carga. Un portacontenedores que normalmente puede navegar con una determinada cantidad de mercancías debe reducir su carga cuando existe una limitación de calado, lo que incrementa el costo unitario del transporte. La situación puede obligar a las navieras a redistribuir mercancías, realizar más escalas, utilizar buques de menor tamaño o recurrir a rutas alternativas. En el caso del Canal de Panamá, la prensa internacional ha advertido que las restricciones derivadas de la sequía elevan los costos de transporte y pueden afectar los flujos comerciales.

El impacto también puede trasladarse a toda la cadena logística. Menores cargas por nave significan que, para movilizar un volumen equivalente de mercancías, pueden ser necesarios más viajes o soluciones complementarias por carretera y ferrocarril. Esto genera presión sobre los costos de fletes, almacenamiento, combustible, seguros y operaciones portuarias. Además, cuando las restricciones coinciden con una elevada demanda de espacios en las rutas marítimas, pueden producirse mayores tiempos de espera y una competencia más intensa por los cupos de tránsito, como ya ha ocurrido en el Canal de Panamá durante períodos de menor disponibilidad de agua.

El problema no se limita a los grandes canales interoceánicos. En América del Sur, una eventual disminución de los niveles de los ríos podría afectar corredores fundamentales para el transporte de productos agrícolas, minerales y otros bienes. Reuters ha señalado que las condiciones más secas previstas para el norte de Brasil amenazan el transporte fluvial en la cuenca amazónica, un sistema especialmente relevante para el movimiento de mercancías en uno de los mayores países exportadores de productos agrícolas del mundo. Esto demuestra que la reducción del calado puede convertirse en un problema transversal que afecta puertos, terminales, operadores logísticos, productores y exportadores.

En este escenario, 2026 obliga a las empresas a fortalecer la planificación y resiliencia de sus cadenas de suministro. Monitorear los niveles de agua, anticipar restricciones de calado, diversificar rutas y modalidades de transporte y mantener alternativas de almacenamiento serán medidas cada vez más relevantes. La propia OMM destaca que los pronósticos estacionales y los sistemas de alerta permiten anticipar condiciones de sequía y otros eventos extremos para sectores sensibles al clima. Por ello, más que considerar la reducción del calado como un problema exclusivamente portuario, el desafío consiste en incorporarla como una variable estratégica de la logística internacional, capaz de modificar costos, tiempos de tránsito y decisiones de abastecimiento durante todo el ciclo comercial.

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