La crisis en el Estrecho de Ormuz está generando efectos mucho más allá de Medio Oriente. La reducción del tránsito marítimo por una de las rutas energéticas más sensibles del mundo está impulsando un fuerte aumento de la actividad en el Canal de Panamá, que opera actualmente cerca de su capacidad máxima debido al mayor movimiento de buques vinculados al comercio energético.
De acuerdo con un análisis de BIMCO, los tránsitos promedio por el Canal de Panamá han aumentado 8% interanual en lo que va de 2026, hasta alcanzar cerca de 38 buques diarios. El incremento ha sido especialmente marcado durante las últimas cinco semanas, periodo en el que los cruces subieron 16% interanual, impulsados principalmente por una mayor demanda de tanqueros.
El fenómeno responde a una reconfiguración de los flujos energéticos globales. La escalada del conflicto que involucra a Irán y la caída de los tránsitos por Ormuz han reducido la disponibilidad de suministros desde Medio Oriente, elevando precios y riesgos operativos. Como consecuencia, compradores de Asia y de la costa oeste de América han comenzado a buscar más cargamentos desde el Golfo de Estados Unidos.
Ese cambio favorece el uso del Canal de Panamá como corredor estratégico para conectar las exportaciones estadounidenses de energía con mercados del Pacífico. Cargas de crudo, GNL, LPG y productos derivados están presionando la demanda de tránsito por la vía panameña, en un momento en que el canal ya venía recuperando actividad tras los años de restricciones asociadas a la sequía.
Según Filipe Gouveia, gerente de análisis naviero de BIMCO, el aumento reciente de los tránsitos está directamente relacionado con el salto de las exportaciones energéticas estadounidenses hacia el Pacífico. La vía panameña se convierte así en una alternativa clave cuando otros corredores críticos enfrentan tensión geopolítica o limitaciones operativas.
El problema es que el Canal de Panamá tiene un margen limitado para absorber más tráfico. Su capacidad operativa sostenible se ubica en torno a 36 a 38 buques diarios, dependiendo del tipo de naves, las reservas disponibles y las condiciones del sistema de esclusas. Con el promedio actual ya en ese rango, cualquier aumento adicional puede traducirse en más tiempos de espera, mayor competencia por cupos y costos de tránsito más elevados.
La situación muestra cómo una crisis en un chokepoint puede trasladar presión rápidamente a otro. Ormuz y Panamá no compiten directamente como rutas equivalentes, pero forman parte de un mismo sistema logístico global: cuando el suministro energético desde Medio Oriente se vuelve más incierto, el mercado busca rutas alternativas, y esas rutas comienzan a saturarse.
Para navieras, traders y cargadores, el escenario exige mayor planificación. La disponibilidad de slots en el Canal de Panamá, los tiempos de espera, los costos de reserva y la evolución de los precios energéticos se vuelven variables críticas para definir rutas, contratos y tiempos de entrega.
La crisis también refuerza el valor estratégico del Canal de Panamá para el comercio internacional. Más que una simple vía de paso entre océanos, el canal está actuando como una válvula logística para redirigir parte del comercio energético mundial en medio de una crisis geopolítica.
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