Los almacenes logísticos de América Latina enfrentan el desafío de proteger sus inventarios frente a robos, hurtos internos, errores operacionales, desaparición de mercancías y diferencias entre el stock registrado y el disponible físicamente.
En una región donde la seguridad de la cadena de suministro influye directamente en la competitividad empresarial, las compañías están reforzando sus procedimientos para reducir riesgos y garantizar la continuidad de sus operaciones. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su estudio Seguridad de la cadena logística terrestre en América Latina, advierte que los incidentes delictivos y las interrupciones logísticas pueden generar pérdidas económicas que se extienden al conjunto de la cadena de suministro. Por ello, la prevención ya no se limita a contratar guardias, sino que requiere integrar tecnología, control de inventarios, capacitación y protocolos de seguridad.
Una de las principales estrategias consiste en digitalizar el control de inventarios mediante sistemas de gestión de almacenes (WMS), códigos de barras y tecnología RFID, que permite identificar productos y registrar sus movimientos desde la recepción hasta el despacho. Estas herramientas ayudan a comprobar las cantidades recibidas, asignar ubicaciones, verificar pedidos y detectar diferencias entre las existencias físicas y los registros digitales. Chile destaca que sus estándares globales permiten identificar, capturar y compartir información sobre el movimiento de mercancías, mejorando la visibilidad y la precisión de los procesos logísticos. Cuando estos sistemas se integran con auditorías periódicas y conteos cíclicos, las empresas pueden identificar oportunamente pérdidas, errores de preparación de pedidos y movimientos no autorizados.
La segunda línea de defensa es la vigilancia física y el control de acceso a las instalaciones. Cada vez resulta más importante combinar cámaras de circuito cerrado, alarmas, sensores de movimiento, iluminación adecuada y sistemas de identificación para trabajadores, transportistas y visitantes. En los depósitos de mayor valor o exposición al riesgo, estas medidas pueden complementarse con controles biométricos, registro de patentes, zonas restringidas y monitoreo de los muelles de carga y descarga. El objetivo es establecer quién ingresa, qué áreas puede utilizar y qué movimientos realiza dentro de las instalaciones. Asimismo, separar las funciones de recepción, almacenamiento, preparación y despacho disminuye las oportunidades de manipulación indebida de productos y facilita la identificación de responsabilidades cuando se detectan diferencias.
Otra medida fundamental es reforzar la trazabilidad y la cadena de custodia de las mercancías, especialmente cuando los productos pasan por diferentes operadores, patios, centros de distribución y empresas de transporte. Los almacenes pueden utilizar sellos de seguridad, etiquetas de identificación, registros digitales de entrega y recepción, sensores conectados y sistemas de seguimiento para verificar que la carga no haya sido manipulada sin autorización.
En un reciente informe, la Organización Mundial de Aduanas (OMA) destacó el potencial de los dispositivos inteligentes de seguridad, como los sellos electrónicos, los sensores de seguimiento y los contenedores conectados, para mejorar la supervisión de las mercancías y detectar posibles alteraciones. Estas herramientas también permiten investigar incidentes con mayor precisión y determinar en qué etapa de la operación se produjo una pérdida.
La tecnología, por sí sola, no elimina los riesgos: también es necesario actuar sobre los factores humanos y las debilidades de los procedimientos internos. Por eso, las empresas están incorporando capacitaciones para sus trabajadores, protocolos de denuncia, revisiones de operaciones sensibles y controles de acceso a la información sobre inventarios y despachos. A estas medidas se suma el análisis de datos para identificar patrones inusuales, como diferencias recurrentes en determinados turnos, productos con pérdidas frecuentes o movimientos de mercancías fuera de los horarios habituales.
La Unión Internacional de Seguros Marítimos (IUMI), en su análisis de marzo de 2026 sobre el robo de carga en América Latina, subraya la importancia de mejorar la consistencia de los controles, reducir los tiempos de exposición de la mercancía y definir claramente las responsabilidades entre los participantes de la cadena logística. De esta manera, la prevención se convierte en una tarea compartida entre las áreas de operaciones, seguridad, tecnología y recursos humanos.
Finalmente, el desafío para los almacenes latinoamericanos consiste en avanzar hacia un modelo de seguridad predictiva e integrada, capaz de detectar anomalías antes de que se conviertan en pérdidas económicas. La OMA, en su publicación de 2026 sobre visibilidad de las cadenas de suministro, destaca el valor de combinar registros digitales de custodia, monitoreo en tiempo real y análisis apoyados en inteligencia artificial para identificar comportamientos sospechosos y puntos vulnerables de las operaciones.




